Orígenes
Tras la conquista de Málaga por los Reyes Católicos en 1487, se crearon las primeras cofradías y hermandades, al amparo de las órdenes religiosas recién establecidas en la ciudad.
En la primera mitad del siglo XVI ya existían en Málaga al menos cinco cofradías de Pasión: Vera-Cruz, Sangre, Ánimas de Ciegos, Monte Calvario y Soledad; todas ellas vinculadas a conventos. A partir del Concilio de Trento, y con la intención de combatir el protestantismo creciente, la Iglesia impulsa la creación de tallas y su salida a las calles. Esta medida da el empuje decisivo a la consolidación de las corporaciones, cuyo principal objetivo no es sólo procesionar sino también socorrer a sus hermanos más necesitados y asistirlos a la hora de la muerte. La manifestación de la última voluntad de muchos cofrades va acompañada casi siempre de disposiciones concretas para que se les entierre en la cripta de su hermandad. En muchos casos no se limitan a satisfacer los gastos y obligaciones de los entierros y sufragios, sino que dentro de muchas hermandades hay hermanos que tienen la obligación de asistir a los moribundos, de llevarles los sacramentos y de prepararlos para la muerte.
Dos de los tres sagrados titulares de la Hermandad de Zamarilla. La Virgen de la Amargura, atribuida a Antonio Gutiérrez de León y Martínez, y el Cristo de los Milagros, obra de Francisco Palma Burgos.
Escuela malagueña de imaginería
El estilo escultórico malagueño lo configurarían una serie de imagineros que trabajaron en Málaga en la segunda mitad del siglo XVII, teniendo su auge en el XVIII y en el XIX en menor medida.
Hasta la segunda mitad del XVII, las obras y los modelos escultóricos de los autores granadinos y sevillanos de la escuela andaluza predominaban en la ciudad. La llegada del escultor Pedro de Mena a Málaga en el año 1658 originaría una creciente homogeneización en las obras de los imagineros malacitanos. Es bajo la influencia de éste y de José Micael Alfaro, cuando nace el estilo malagueño que continuará en la centuria siguiente con Fernando Ortiz como máximo exponente, el cual incluye influencias italianizantes de Juan Domingo Olivieri. Cabe destacar igualmente la obra de artistas como Francisco Gómez de Valdivieso y Salvador Gutiérrez de León, entre otros.
En el XIX, el principal escultor malagueño es Antonio Gutiérrez de León, nieto del anterior, que continuó la línea de los autores del siglo anterior.
Con la llegada del siglo XX y pese a la existencia de escultores de la ciudad, la escuela malacitana decayó, siendo el representante más destacado Francisco Palma García, cuyos cánones estaban ya alejados de los establecidos por Mena y su círculo. En la segunda mitad del siglo aparecieron las figuras de Mario y Francisco Palma Burgos, ambos familiares del anteriormente citado, pero los encargos a escultores sevillanos, granadinos y valencianos proliferaron y el denominado estilo malagueño se desvaneció definitivamente.
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